Metodología

Este proyecto nace de la búsqueda de quién soy y de la comprensión del amor. El amor es la aceptación de todas las diferentes expresiones de la Fuente, de la energía infinita de la cual pertenecemos. Cuando aceptamos, dejamos de luchar y permitimos que la vida se exprese a través de nosotros (cuerpo físico, emocional y mental).

Todo lo que percibimos en nuestra realidad no es más que una proyección de nuestro sistema de creencias y emociones. El que percibimos afuera, es una interpretación subjetiva de aquello que hay en nuestro interior. Comprender esto, es el primer paso importante para la aceptación, el amor incondicional y la paz: darse cuenta que somos nosotros quien proyectamos la realidad que percibimos. 

Una vez que hemos tomado consciencia, el siguiente paso es hacernos responsables, asumiendo que lo que sentimos, pensamos y creemos no tiene ninguna causa externa. Todo nace de nosotros. Por lo tanto, no somos victimas de este mundo. Es validando este concepto que descubrimos que cada persona o situación nos muestra un aspecto de nosotros que no reconocemos. Las personas y situaciones que percibimos como extrañas, simplemente despiertan en nosotros las emociones y sentimientos que hay en las profundidades de nuestro ser i que no hemos aceptado en algún momento de nuestras vidas. La persona o la situación concreta nos hace de espejo, para que finalmente reconozcamos un sentimiento rechazado. 

El trabajo de aceptación consiste en reconocer este sentimiento o emoción, y es tan fácil como pararse a sentirlo. De hecho, la mayoría de nosotros hemos aceptado creencias falsas como verdaderas, y una de estas creencias es creer que hay sentimientos que merecen ser expresados y otros no. La alegría es más permitida que la rabia, la envidia, el miedo, el dolor, la tristeza. El juicio nace de la dualidad, cuando se cree estar separado del otro. De hecho, la aceptación significa sentir plenamente lo que sentimos en el momento actual, sin ningún tipo de lucha o retención. Me refiero en el momento actual porque es el único que existe: todo esta sucediendo en este momento. Así, para vivir en plenitud, es ser consciente del momento presente con todo lo que se hace y lo que se siente. 

Una vez que empezamos a darnos cuenta que todo lo que percibimos en nuestra vida es una proyección de nuestro interior y que empezamos con el proceso de responsabilidad, todas las emociones que hemos negado hasta ahora, empiezan a emerger a la superficie (tristeza, ira, frustración, dolor, etc, …)

Es necesario reconocerlas. La manera que he encontrado más eficiente, es pasando por la experiencia. La mayoría de nosotros, cuando sentimos tristeza o dolor, queremos salir de este estado. En el momento que queremos cambiar es porque no hay aceptación. El hecho de no permitirse este sentimiento expresarse plenamente, éste se almacena en una parte de nosotros esperando el momento donde por fin será reconocida y liberado. 

Una vez que estamos en esta comprensión y obertura, el otro es aquí para mostrarnos aspectos de nosotros mismos que no habíamos reconocido o aceptado antes. 

“Qué sensación surge en mí  cuando observo la persona o la situación?”.

La vida nos mete delate todo lo que necesitamos para poder poner amor y aceptación donde hay miedo. No se trata de ser amables, simpáticos y/o alegres todo el tiempo. Es muy agotador tener que ser lo que no somos en el momento presente. Seamos simplemente aquellos quien somos, y permitámonos sentir lo que sentimos, todo sin interferencias ni juicios. El camino del amor pasa por esta honestidad. El único que hemos de hacer en esta vida, es ocuparos de nosotros, para poder asumir plenamente nuestra experiencia de vida. 

Presencia y responsabilidad de cada momento presente:

Cuando hacemos un acto de presencia, no importa lo que sentimos, sólo queremos sentirlo. Hemos de pasar por las emociones para volver a conectarnos y saber que no somos la emoción dicha, sino la consciencia que la resiente. El amor es aceptación de todo aquello que hay en el momento actual. El otro es el mejor maestro espiritual que podemos tener en este momento. Reconocer al otro como parte de nosotros nos da la oportunidad de responsabilizarnos y asumir estas partes que no vemos y no aceptamos. Poder reconocerlas en nosotros es dar un gran paso hacia la curación (física, emocional, mental y espiritual)

Marta Godayol Garcia